Historia del Colegio antes de la Asociación
Desde 1884, Valencia de don Juan había acogido el primer gran colegio agustiniano abierto en España tras el retorno de las órdenes religiosas al país, y también el primero que la orden agustiniana establecía en la provincia de León: el colegio de san José. Por sus aulas pasarían miles de jóvenes leoneses —por razones obvias—, pero también palentinos —por cercanía geográfica— y, sobre todo, asturianos. La razón de la presencia de estos últimos era bien sencilla de explicar: Valencia de don Juan pertenecía entonces a la diócesis de Oviedo, y el obispado se encargó de dar a conocer el colegio entre la población. Así, fueron muchos los jóvenes que asturianos que durante años estudiaron en la villa coyantina, mu-
chos de ellos procedentes de familias de clase alta y de la burguesía industrial asturiana.
En 1901, la reforma educativa del conde de Romanones obligó a los PP. Agustinos a establecer un nuevo colegio en la propia ciudad de León, que estaría dedicado a Nuestra Madre del Buen Consejo. Se consiguió adecentar un viejo edificio muy cercano a la catedral, pero la incertidumbre política del momento alargó su temporalidad y durante más de una década, ambos centros convivieron. Sin embargo, la excelente acogida que la ciudad dispensó a los PP. Agustinos fue de tal magnitud que finalmente aquella decisión temerosa pero obligada por las circunstancias devino definitiva.
Historia desde la creación de la Asociación
Corría el mes de julio de 1922 cuando en la localidad leonesa de Valencia de don Juan se celebró una reunión de amigos, en principio, sin mayor objetivo que el de pasar una tarde agradable de verano. El anfitrión no era otro que el lugareño P. Gilberto Blanco, religioso agustino que, si bien destinado al colegio que la orden tenía en Huelva, había llegado a su Coyanza querida a pasar unos días de vacaciones. Su llegada, donde era muy conocido y casi venerado, agitó la vida social local y no fueron pocos los que hicieron lo posible por compartir un rato con tan afamado paisano.
A esa reunión veraniega acudirían algunos de los antiguos alumnos del P. Gilberto en los dos colegios leoneses, y a los locales se sumaron algunos otros llegados para la ocasión desde León, Asturias y Palencia. Pero resultó que de lo que parecía ser una inocente reunión de amigos salió la firme decisión de fundar una asociación de antiguos alumnos agustinianos capaz de unir tanto a las promociones salidas del antiguo colegio coyantino como a las del primer colegio de León. Y, como colofón, a ellas se irían uniendo las que fueran terminando su periplo estudiantil en el nuevo colegio del «Ensanche» leonés.
La idea recibió una acogida espectacular por parte de los antiguos alumnos. Decenas de ellos colaboraron a darle forma y ponerla en marcha cuanto antes. Así, y a pesar de las obligaciones laborales de todos, y de la distancia en muchos casos, se consiguió el objetivo de tener todo listo para el verano siguiente, el de 1923. El mes de julio de ese año fue una vorágine sin igual. La elección de la fecha para la «puesta de largo» de la nueva asociación no había sido casual: el 28 de agosto, día de san Agustín de Hipona. Sin embargo, un martes no parecía ser el mejor día para celebrar un evento de semejante magnitud, así que, con buen criterio, se decidió posponer. Finalmente, fue el domingo 9 de septiembre de 1923 el día en el que tendría lugar la primera asamblea de la nueva «Asociación de Antiguos Alum nos Agustinianos de los colegios de Valencia de don Juan y León».
A partir de ahí, y durante los siete años siguientes, la AAAA avanzó con paso firme en la consecución de los objetivos marcados en sus estatutos. Tres serían los pilares: el fomento del compañerismo, haciendo de la institución un lugar de encuentro en el que seguir com partiendo los lazos forjados en las aulas; la ayuda a hijos y otros familiares de antiguos alum nos con menos posibles económicos, a través de la concesión de becas; y el fomento decidido de la cultura y del espíritu agustiniano. En este sentido, un hito importante fue la aparición, en 1927, de la revista «Intimidades», que no solo ayudaría en la consecución del objetivo previsto, sino que serviría de medio de comunicación entre todos los asociados.
Sin embargo, tan prometedores comienzos se vieron frenados de golpe con la llegada de la Segunda República española (1931). El voraz anticlericalismo expresado desde el pri mer día afectó gravemente, no solo a generar una enorme inestabilidad social, sino también una agresión sin precedentes a la enseñanza en los centros religiosos, hasta el punto de hacerla casi desaparecer. Por esta razón, la actividad de la AAAA durante el período 1931- 1936 fue casi nula; inacción que se mantuvo, por causas que no hace falta ni recordar, durante nuestra infausta Guerra Civil (1936-1939), en la que perdieron la vida más de un centenar de antiguos alumnos en uno y otro bando, y durante la cual el colegio agustiniano leonés sirvió de improvisado cuartel militar.
Apenas iniciada la década de 1940, el asociacionismo se vio afectado por una nueva legislación que echó por tierra el trabajo e, incluso, la propia existencia de un sinfín de aso ciaciones fundadas en las décadas anteriores. La AAAA de León y Valencia de don Juan sufrió también en sus carnes las miserias de la posguerra, en la que las dificultades para recupe rarse fueron enormes, hasta el punto de seguir arrastrando su inoperatividad anterior, lle gando a las mismas puertas de su desaparición.
Sin embargo, en 1948, un puñado de antiguos alumnos, junto con el decidido apoyo de los PP. Agustinos, consiguió con arduo trabajo reconstruir la AAAA según la nueva nor mativa. En realidad, se trataba de una feliz refundación, pero motivaría también, junto con los acontecimientos de la década anterior, la pérdida de todo su archivo.
El proceso culminó en 1950, y la nueva AAAA echó nuevamente a andar. Nuevos estatutos, nuevos protagonistas, nuevos proyectos e ilusiones… Comenzaba aquí una época de esplendor que se alargaría durante veinte años y en la que coincidirían la tradición, madurez y sabiduría de los viejos socios —incluidos aún muchos de los propios fundadores— con la savia nueva de las promociones más jóvenes. Durante estos años, la AAAA no solo jugó un papel principal en la comunidad agustiniana, sino también en la propia sociedad leonesa, siendo pionera de decenas de iniciativas de índole cultural, deportiva, religiosa,…. todas con una notable repercusión mediática, convirtiéndose en protagonista destacado de la vida co-
tidiana de la ciudad.
Sin embargo, el paso del tiempo se mostró inexorable y a partir de mediados de la década de 1960, la AAAA comienza a perder a muchos de los antiguos alumnos más veteranos, incluyendo algunas de sus caras más visibles: los presidentes Máximo Gómez Barthe (1964) y Gabriel Barthe Balbuena (1973), y nombres tan relevantes como Ángel Suárez Ema «Bujía» (1967) y Carmelo Hernández Moros «Lamparilla» (1974). También la comunidad agustiniana leonesa perdió a muchos de sus integrantes que tanto y tan bien habían apoyado y aconsejado a la AAAA, siendo especialmente dolorosa la pérdida del entonces Padre Consiliario, el P. Gregorio Santos (1975). Se iban yendo buena parte de sus fundadores y pioneros, pero, además, también los últimos socios procedentes del ya lejano colegio coyantino de san José, resultando especialmente afectada la delegación asturiana. La otra gran noticia que por entonces iba a hacer tambalear los cimientos de la AAAA iba a ser la del cierre inminente y demolición del colegio del «Ensanche», y su traslado a las nuevas instalaciones levantadas en la lejana carretera Alfageme. El anuncio cayó como un jarro de agua fría sobre los antiguos alumnos. Habían perdido el colegio coyantino, también el primer colegio leonés, y habían conseguido seguir adelante. Pero ahora… La desaparición del viejo colegio —que, además, coincidiría con el cambio político del país— conllevaba la pérdida del punto de referencia ineludible en el que todo y todos con fluían desde hacía medio siglo. Y también su encanto, ese encanto del sabor añejo de viejas paredes que…si pudieran hablar….. Del nuevo colegio aún tardarían en salir nuevas hornadas de alumnos con un arraigo similar al de ahora. El vacío que quedaba iba a ser grande. Se adivinaban malos tiempos. Y así fue.
A partir de 1977, la AAAA tuvo que afrontar, pues, mucho más que un simple cambio de sede: una nueva sociedad, la incorporación de la mujer a las aulas agustinianas y, sobre todo, un cambio generacional de proporciones considerables. Mantener el espíritu fundacional iba a costar un mundo. Además, la situación económica, otrora boyante, iba a ponerlo aún más difícil.
Durante la década de 1980, la AAAA asumió un perfil más bajo, y más reducido al ámbito colegial y agustiniano. Esta tesitura se mantuvo durante las décadas siguientes. Aun así, y a pesar de algunas penurias financieras, consiguió mantener el espíritu e ir integrando en ella a las nuevas promociones salidas ya del nuevo colegio. Su presencia en las fiestas patronales de abril continúa siendo importante, manteniendo iniciativas tan valiosas como el pregón, el reconocimiento al mejor alumno o alumna de cada promoción, o el partido de fútbol entre alumnos y antiguos alumnos. También han seguido teniendo un papel relevante los concursos literarios organizados por ella, estimulando siempre el talento de los más jóvenes y, más recientemente, de los «no tan jóvenes».
Y así, paso a paso, unos, más largos; otros, más cortos, en el bienio 2022-2023 se llegó al centenario, que se celebró por todo lo alto, resultando una clarísima muestra de la buena salud de la que goza aún hoy la AAAA. El boletín «Toma y lee», heredero de aquellas «Intimidades» de la primera época, sigue siendo el vehículo a través del cual todos los antiguos alumnos agustinianos leoneses, todos sin excepción, están conectados entre sí, estén donde estén. El objetivo es claro: llegar a cumplir otro centenario más. ¡Y en eso estamos!